Astrónomos y cosmólogos sondearán con los neutrinos el cielo profundo.

Las partículas "fantasma" tienen una masa tan débil que todavía no se ha podido medir

JEAN-FRANÇOIS AUGEREAU ( 22-12-99)
Los físicos europeos estrenan un telescopio submarino de neutrinos de alta energía en el Mediterráneo mientras los estadounidenses siguen montando el suyo en la Antártida; el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) acaba de aprobar el desarrollo de un nuevo experimento para comprobar que estas partículas fantasmagóricas tienen masa y cazar un tipo de ellas nunca detectado; japoneses y norteamericanos van algo adelantados en este mismo empeño. Los neutrinos, mensajeros del universo remoto cargados de información acerca de los fenómenos más violentos y partículas clave del microcosmos, tienen en vilo a físicos, astrónomos y cosmólogos.

Para observar el universo, astrónomos, físicos y cosmólogos recurren a las partículas de luz que son los fotones. Luz visible, luz infrarroja, luz ultravioleta, ondas radio, rayos gamma, rayos X: todo este espectro está a disposición de los investigadores para obtener información sobre las nubes de gas, las estrellas, las galaxias, los objetos más extraños y los fenómenos de los que son sede.

Pero esta profusión de medios tiene sus límites. "Si bien es posible observar objetos muy lejanos en el ámbito óptico, es imposible, por el contrario, estudiar las radiaciones gamma tan potentes que emiten, porque para ellas el universo es opaco", explica François Montanet, del Centro de Física de Partículas de Marsella. La única posibilidad, "recurrir a otras herramientas. En concreto, hacia la más singular de ellas, el neutrino". Estas partículas, de las que existen tres especies (neutrino del electrón, neutrino del muón y neutrino del tau) establecidas con seguridad en 1989 por el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN, junto a Ginebra), tienen tales propiedades que las hacen depositarias de muchos secretos.

Imaginado en 1930 por Wolfgang Pauli, que lo calificaba de "solución desesperada" para sostener sus trabajos teóricos, el neutrino fue utilizado con éxito por Enrico Fermi para explicar una de las cuatro grandes fuerzas del universo, la interacción débil. Pero sólo en 1953, Frederick Reines (premio Nobel de Física en 1995) y Clyde Cowan pudieron aportar la prueba de su existencia.

Débil masa

Partículas fantasmas, los neutrinos escapan fácilmente a la observación. Para empezar, no tienen masa, o más bien, una masa tan débil que todavía no se ha podido medir. Además, son neutros, y, por tanto, insensibles a los campos electromagnéticos. De hecho, interactúan poco con la materia (de 100 billones de neutrinos que atraviesan la Tierra de parte a parte, sólo uno se podrá parar). Y, por último, su número en el universo es tan grande -varios miles de millones por cada protón- que su papel no puede ser desdeñado.

Por lo que se refiere a sus propiedades, los neutrinos son depositarios de información sobre el funcionamiento interno de los astros. Pero perseguirlos no está al alcance de la mano del último recién llegado. Al día de hoy, no se han observado verdaderamente más que algunos tipos de neutrinos. Para empezar, los terrestres, surgidos de la desintegración radiactiva de ciertos elementos como el uranio; después, los producidos por las reacciones termonucleares del Sol.

Alta energía

Aparte de estos neutrinos solares y terrestres, los físicos y los astrónomos se interesan cada vez más por los neutrinos de muy alta energía. Los que surgen directamente de los procesos más violentos del universo y de los que esperan extraer información para comprender mejor fenómenos a los que hoy no se tiene acceso: agujeros negros, explosiones de estrellas, núcleos activos de galaxias, aniquilación de objetos macizos o estructuras imaginadas por los teóricos pero aún no observadas, como los monopolos o las supercuerdas.

Por eso se desarrolla hoy día la astronomía de los neutrinos, que, gracias a telescopios apropiados, permitirán explorar el cielo en profundidad y sondear los modelos físicos inaccesibles en energía a los mayores aceleradores de partículas. Son estas partículas las que, de manera indirecta, nos podrían permitir remontarnos al origen de ciertas oleadas de rayos cósmicos de una energía increíble que se observan en la Tierra, pero que han perdido su dirección original en los campos magnéticos intergalácticos.

A partir de ahí, la observación de estos neutrinos permitiría remontarse al origen de los acontecimientos que los crearon. Es la razón por la que se construyen actualmente dos observatorios en este ámbito de las energías muy altas: el estadounidense Amanda, en los hielos de la Antártida y en el que participan suecos, belgas y alemanes, y el europeo Antares, sumergido en las aguas del Mediterráneo [ver EL PAÍS, Futuro, 17 de noviembre de 1999].


De Ginebra a los Apeninos en 2,5 milisegundos

ALICIA RIVERA , Madrid
En tan sólo 2,5 milisegundos recorrerán los neutrinos que salgan de Ginebra los 730 kilómetros de distancia hasta Gran Sasso, en los Apeninos. Semejante carrera a la velocidad de la luz será un experimento del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) y el Instituto Nacional de Física Nuclear (INFN) italiano, diseñado para comprobar que los neutrinos, partículas elementales que apenas interactúan con la materia, tienen masa. Es más, el experimento, aprobado la semana pasada por el CERN, está diseñado para intentar cazar uno de los tres tipos de neutrinos, el del tau, cuya existencia se da por segura pero que nunca ha sido detectado.

La singular propiedad de los neutrinos de mutar entre los tres tipos de ellos al recorrer largas distancias, está en la base de este proyecto. Esas mutaciones, u oscilaciones, indican que, en contra de lo que se ha pensado hasta hace poco, los neutrinos tienen masa.

Instalaciones similares a la europea, y con el mismo objetivo, están ya en marcha o en desarrollo en Japón y en EEUU. El CERN enviará dentro de cinco años un haz de neutrinos en pulsos a los detectores subterráneos Opera e Icanoe que estarán instalados en el laboratorio del INFN en Gran Sasso. Los neutrinos viajarán en línea recta, ignorando la curvatura de la superficie terrestre, dado que atraviesan limpiamente la roca. El coste del experimento asciende a 7.100 millones de pesetas, más los equipos del CERN. Además de las contribuciones de los países del CERN, hacen aportaciones voluntarias Bélgica, Francia, Alemania y España. En concreto España contribuye con 400 millones de pesetas por decisión de la Oficina de Ciencia y Tecnología (OCYT). Se da la circunstancia de que no hay científicos españoles en este campo concreto de investigación de neutrinos, y la participación en el experimento responde a intereses de estrategia de la OCYT en tanto que delegación española en el Consejo del CERN.


Bajo la protección de los hielos y de las aguas

J-F.A
Observar neutrinos es casi una proeza. Aunque son muy numerosos, son pocos los que interactúan con la materia. La única solución para los investigadores es hacer detectores muy grandes. ¿Cómo se persigue a estas partículas fantasma? "Cuando un neutrino golpea a un átomo, este último explota a consecuencia del choque", explica François Montanet, del Centro de Física de Partículas de Marsella. "El neutrino se transforma entonces en uno de sus primos, el muón". Y en el agua, estos muones tienen una velocidad superior a la de la luz, lo que hace que se produzca en este medio una especie de estallido luminoso que se puede ver.

Pero los detectores, sumergidos en agua, son tan sensibles que hay que protegerlos de los rayos cósmicos que bombardean la Tierra, de ahí que se busquen lugares con un blindaje eficaz. Los primeros experimentos se pusieron en túneles y en minas profundas. Una solución que no se puede retomar para los neutrinos de muy alta energía por el coste que supondría. La solución es recurrir al medio natural: lagos, hielos, los fondos marinos.

Los estadounidenses han excavado agujeros de dos kilómetros de profundidad en el hielo antártico para realizar su experimento Amanda. Los europeos, aunque consideran que Amanda dispone de dos o tres años de adelanto, creen que su proyecto Antares tiene algunas ventajas, en especial la de estar mejor situado para observar el centro de la galaxia. Antares fue ideado por investigadores del Centro de Física de Partículas de Marsella y el Dapnia (CEA, Saclay) y participan en él equipos del Reino Unido, España (Valencia), Holanda y Rusia. Este mes se ha tendido la primera línea de detección de Antares en el Mediterráneo, frente a la costa meridional francesa.