FEDERICO SIMÓN , Valencia
( 22-09-99)
En colaboración con ingenieros agrícolas, los expertos aplican estas
ondas letales para plantas, nemátodos y semillas de varias especies en el
suelo mediante nuevos prototipos (que en forma de grandes aspiradores
serán transportados por tractores agrícolas). Para su uso, es necesario
que el suelo esté lo más seco posible. Sin embargo, los expertos creen que
el tratamiento, al contrario que el venenoso bromuro de metilo, será más
eficaz, uniforme, inocuo y respetuoso con el medio ambiente.
Para aquellos a los que les suene a ciencia ficción, Elías de los
Reyes, catedrático y director de la Escuela de Ingenieros de
Telecomunicación de la UPV, recalca que el único efecto de tan enigmáticas
ondas es el calor, y por lo tanto son útiles para desinfectar multitud de
cosas. "Las microondas no hacen otra cosa", insiste; "transmiten calor". Y
con gran eficacia.
Rozamiento
Si el máximo rango en el que transmiten las cadenas de televisión es de
500 megahercios (ondas que vibran a 500 millones de oscilaciones por
segundo), las microondas emiten a una frecuencia cinco veces mayor (2.450
megahercios). Y aplicadas a una molécula bipolar harán que ésta cambie de
dirección 2.450 millones de veces cada segundo, roce con las adyacentes y
se caliente. Todo dependerá de la potencia que tengan. No en vano, la
explicación física más simple, pero realmente certera, del calor es la
palabra movimiento.
El problema de las microondas para su aceptación por el gran público es
que no se ven. No son como el fuego que calienta y quema visiblemente.
Pese a ello su funcionamiento es sencillo. Van al centro del asunto y
aplican su virtud uniformemente. "No es un proceso térmico normal donde,
por ejemplo, el fuego calienta la base del cazo y la leche se calienta
poco a poco", explica De los Reyes.
Entre el 13 y el 17 de este mes, más de 200 especialistas de 36 países
se reunieron, para amalgamar sus conocimientos, en Valencia, en un
congreso organizado por el citado Grupo de Calentamiento de Microondas de
la UPV.
Para el profano, la VII Conferencia Internacional de Calentamiento por
Microondas y Alta Frecuencia es excesivamente técnica. Y De los Reyes lo
reconoce: "El número de ecuaciones por centímetro cuadrado es enorme".
Ponencias sobre cálculos matemáticos, nuevos prototipos y sistemas de
apantallamiento poblaron la reunión. Pero también se habló de usos
prácticos.
Fuera de la telefonía móvil y de los hornos, el uso de las ondas de
alta frecuencia más extendido actualmente es la vulcanización del caucho.
Si bien todavía son pocos los fabricantes de neumáticos que usan
microondas, la industria de los perfiles de caucho los aplica desde hace
años. Y ahora, la UPV trabaja en colaboración con los fabricantes de
calzado alicantinos para desarrollar herramientas eficaces. Hasta ahora,
los zapateros vulcanizan el caucho (material blando e inconsistente)
mediante moldes metálicos e indeformables por los que circula aire
caliente. La ventaja de los microondas es que se puede utilizar teflón
(más barato) para el molde que, además de ser transparentes a las ondas,
permiten aplicar presión a la suela mientras se vulcaniza.
Otra utilidad estudiada en Valencia es el secado de las pieles en la
industria de los curtidos. Mediante microondas y un flujo de aire laminar
que retire el agua se consigue secarlas. Y prototipos semejantes servirán
para desinfectar maderas. La madera, seca, es transparente a las ondas,
que sólo matan las larvas, los huevos y las termitas, o cualquier otro
parásito indeseable. Y como de calor se trata, el secado de la madera, de
materiales cerámicos y de alimentos son otras aplicaciones. También en
materia de alimentos, la UPV estudia métodos para eliminar insectos en
todo tipo de cereales a granel.
Medicina
Por último, las microondas han llegado a la medicina. Mientras el láser
es invasivo (salvo en su uso en superficie o en el tratamiento de
desprendimiento de retina, a través del cristalino, que es
transparente) las microondas dan calor, mediante varios haces
convergentes, individualmente inocuos, allí donde se quiere. Por eso ya se
utiliza en diatermia por microondas (calor para reducir inflamaciones y
hematomas) o hipertermia (calor excesivo para, por ejemplo, el cáncer de
pulmón).
Y entre las últimas aportaciones a las ciencias médicas se encuentra la
de un investigador japonés, Yoshio Nijawa, catedrático de la Universidad
de Kokushikan, que ya ha aplicado microondas en los dientes de pacientes
voluntarios para reducir las caries. En cinco minutos, y sin tener que
perforar la pieza dental (materia también transparente a las ondas) se
eleva la temperatura de la caries para matar las bacterias que la
producen.
Desarrolladas en los años treinta con fines bélicos y
democratizadas hace más de cuatro lustros con su introducción en los
hogares en forma de horno microondas, las ondas de alta frecuencia se
buscan nuevas aplicaciones en la industria, la agricultura y hasta en la
medicina. Así, a la sombra del boom de la telefonía móvil, que usa
las microondas para transportar información, grupos de investigación de
todo el mundo inventan novedosos usos para el calor que generan. En
España, la esterilización de suelos agrícolas es sólo uno de los objetivos
de las investigaciones.
El Grupo
de Calentamiento de Microondas de la Universidad Politécnica de Valencia
(UPV) investiga un método para esterilizar suelos agrícolas. Una utilidad
que, previsiblemente, permitirá eliminar malas hierbas, semillas
enterradas y organismos indeseables provocadores de plagas sin tener que
emplear el bromuro de metilo, peligroso producto químico que quedará
erradicado a nivel mundial en el 2005 por resultar destructor de la capa
de ozono.
Queda claro pues que el origen de las microondas fue en un principio, como gran número de los descubrimientos científicos de este siglo, el uso bélico. Y no fue hasta tres décadas después cuando las investigaciones en alta frecuencia fueron desclasificadas y cuando se les encontró una auténtica killer application (aplicación asesina), concepto con el que en el argot se define a un uso práctico que pueda ser comercializado a gran escala: esto es, el horno microondas. Con el desarrollo civil de los magnetrones, éstos se abarataron (en los sesenta costaban 400.000 pesetas de la época) y se abrió el abanico de utilidades.
Quizá el más importante, por universalizado, es el inofensivo teléfono móvil (quizá la única muerte que ha provocado, misil mediante, es la de algún integrista). Y De los Reyes, con 25 años de experiencia en estas ondas, se encarga de recalcar que los teléfonos móviles emiten con muy poca potencia. "Algo que funciona con pilas no puede hacer daño", explica. Y lo argumenta en que no es lo mismo tocar algo a 25 grados que a 120, porque en este caso uno se quema. Pues lo mismo. "Los móviles son microondas, pero no para transmitir energía, sino información". Su potencia es mínima.