ALICIA RIVERA , Madrid
( 23-02-00)
También hay que tener en cuenta que debido a la expansión del universo,
la luz emitida por las galaxias se desplaza en el espectro
electromagnético hacia longitudes de onda más grandes (hacia el rojo), y
que cuanto mayor es la distancia de un objeto emisor, mayor es su
velocidad de alejamiento aparente del observador y mayor su desplazamiento
al rojo. Por ello, no es extraño que fenómenos que emitan en ultravioleta,
por ejemplo, se desplacen hacia el rojo y sean perfectamente observables
en luz visible o en infrarrojo si están suficientemente lejos.
Los astrofísicos que estudian la formación de galaxias y estructuras a
gran escala del universo, así como los cosmólogos, tienen un enorme
interés en echar un vistazo al universo joven, cuando sólo habían
transcurrido unos 3.000 millones de años desde la gran explosión inicial,
lo que significa aproximadamente el 20% de la edad actual del cosmos. La
verdad es que muy poco se conoce sobre la distribución de los objetos en
el espacio en aquellas épocas cósmicas, y hay dudas acerca del proceso de
formación de galaxias.
Ahora los científicos han podido utilizar el primero de los cuatro
telescopios gigantes VLT, el bautizado Antu, del Observatorio
Europeo Austral (ESO), en Cerro Paranal (Chile), para captar en su espejo
de 8,2 metros de diámetro la luz procedente de un rincón del cielo
conocido, denominada AXAF Campo Profundo. "Esta zona está notablemente
libre de estrellas brillantes y proporciona una visión clara del universo
remoto, ya que, además, hay relativamente poco polvo de nuestra galaxia,
la Vía Láctea, en esa dirección". Por eso, la zona AXAF Campo Profundo ha
sido seleccionada en otras observaciones de distinta longitud de onda, por
ejemplo en rayos X.
Para hacer esas observaciones ultraprofundas en infrarrojo hay que
hacer exposiciones muy prolongadas de campos amplios con gran
sensibilidad, algo más allá de las capacidades de las cámaras de
infrarrojo de telescopios de cuatro metros de diámetro. Con la cámara
ISAAC de Antu los astrónomos han obtenido imágenes (en infrarrojo
cercano) de una amplitud de campo sin precedentes, cubriendo unas siete
veces más de lo logrado con los instrumentos anteriores.
Estos estudios, explica el ESO, abren una nueva ventana al universo
ultraprofundo. Con la cámara ISAAC se puede pensar en medir la tasa media
de formación estelar y el contenido total de estrellas en galaxias que
están muy oscurecidas y que, por tanto, no son observables en el rango
visible aunque son una parte importante de la población galáctica
primitiva del universo.
Es más, combinando los datos con las imágenes de los telescopios de
rayos X y ópticos, seguramente será posible echar un vistazo a los centros
galácticos, e incluso observar los efectos de agujeros negros masivos y
los procesos de formación estelar.
Hacía falta un gran telescopio cuyo espejo capte mucha luz de
las estrellas y una excelente cámara de infrarrojo para echar una nueva
mirada al universo ultraprofundo. Con uno de los telescopios gigantes
europeos VLT, instalados en Chile, y la cámara de infrarrojo ISAAC se
acaba de hacer este tipo de observación y se ha descubierto en el universo
lejanísimo una multitud de galaxias ocultas a la luz visible y
desconocidas hasta ahora. Los primeros análisis de estas observaciones
indican que ya había galaxias evolucionadas cuando el universo tenía sólo
unos 3.000 millones de años.
Bien porque
la luz de algunas galaxias remotas está oscurecida por el polvo o porque
en otras dejaron de formarse hace tiempo estrellas nuevas y brillantes, y
los viejos astros que ahora tienen son menos ardientes, lo cierto es que
muchos conjuntos estelares escapan a la detección con telescopios de luz
visible, mientras que aparecen de las tinieblas si se los busca en
infrarrojo.