El acceso a la mayor reserva de metano del planeta es muy complicado y no existe un método eficaz de explotación.
XAVIER PUJOL GEBELLÍ , Barcelona
( 05-04-00)
Los hidratos de gas, describe Mariano Marzo, catedrático del
departamento de Geología Dinámica y Geofísica de la Universidad de
Barcelona, vienen a ser algo así como una mezcolanza de gases "atrapados
en un ataúd de hielo" de entre los cuales el metano es el que se presenta
en una mayor proporción.
Estos gases se forman generalmente tras la descomposición bacteriana de
materia orgánica de los sedimentos marinos (en este caso su origen es
biogénico), o bien por descomposición térmica de hidrocarburos en
profundidad (origen termogénico). En condiciones de temperatura y presión
adecuadas, el agua que inunda los poros de los sedimentos se congela y
atrapa literalmente al metano, de forma que éste se asocia con el agua
helada generando un compuesto altamente concentrado. Un metro cúbico de
hidrato de metano contiene cerca de 164 metros cúbicos de gas metano por
tan solo 0,84 metros cúbicos de agua.
Taludes océanicos
Lo que se entiende como condiciones de presión y temperatura adecuadas,
explica Marzo, implica profundidades elevadas y temperaturas muy bajas.
Del orden de uno a tres grados centígrados en fondos que se sitúan entre
los 200 y los 2.000 metros, generalmente en los taludes oceánicos y en
capas, de un espesor variable,de sedimentos.
Obligatoriamente, añade Marzo ello implica hablar de zonas del planeta
con climas extremos, cerca de los polos, o bien donde temperaturas más
altas se ven compensadas por profundidades mayores, en las áreas de Japón,
India o Centroamérica. La por ahora única excepción a esta regla, tercia
Salvador Reguant, del mismo departamento en la UB, es en el permafrost
siberiano, lugar donde los hidratos de metano se localizan en tierra
firme.
Nadie pone en duda que el metano contenido en estos enormes ataúdes
helados podrían constituir la verdadera fuente de energía alternativa al
petróleo o incluso al gas natural. Descubiertos por primera vez hace poco
más de una década, diversos países del mundo han iniciado programas de
investigación para caracterizar mejor los depósitos y empezar a diseñar
tecnologías para su extracción, verdadero talón de Aquiles para su
aprovechamiento como fuente energética.
Entre estos países se cuentan Japón, India, Estados Unidos, Canadá y,
más recientemente, la Unión Europea. Las economías de todos ellos dependen
en términos absolutos de las oscilaciones del precio del barril de crudo.
De todos ellos es Japón el país que parece haber tomado la delantera. El
pasado mes de noviembre, la Compañía Nacional de Petróleo nipona inició la
perforación del primer pozo cuyo objetivo son los hidratos de gas del
subsuelo oceánico. El pozo, situado en el surco de Nankai, a 60 kilómetros
de la península de Omae Zake, representa el primer intento real a escala
internacional para probar sus posibilidades de extracción.
Ahí radica, precisamente, uno de los principales problemas. La
perforación prevista es de 2.850 metros de profundidad. De ellos, 950
corresponden a columna de agua y no se espera encontrar los primeros
hidratos hasta los 350 metros por debajo del lecho marino.
Una vez localizados, resume Marzo, hay que pensar en como liberar el
metano atrapado en el hielo y llevarlo a superficie. Lo más adecuado,
aventura el geólogo, podría ser el desarrollo de técnicas de minería
submarina o la inyección de fluídos que fracturen la capa de hielo y
permitan la extracción del metano acumulado. Sea cual sea la fórmula
empleada, el método a emplear en el futuro, "si es que llega a emplearse",
puntualiza Marzo, dependerá de los intereses de las grandes compañías
petroleras, por una parte, y de los países que hoy dependen de la
importación de crudo. Al fin y al cabo, concluye este experto en geología
del petróleo, hoy se explotan yacimientos de crudo en profundidades
marinas "impensables hace unos años" y se ha incrementado la eficacia en
la extracción hasta límites insospechados. Dicho de otro modo, si el reto
es tecnológico, cuando la necesidad acucie la tecnología aportará la
solución.
Sobre la civilización industrial planea una amenaza de
dimensiones impredecibles. Especialistas de todo el mundo, señalan que la
era del petróleo toca a su fin. Para los más pesimistas, bastará un par de
décadas para que el mundo se detenga, literalmente, por falta de gasolina.
Para los más optimistas, cada vez menos, nuevos hallazgos, junto al
aprovechamiento más eficaz de los yacimientos, podrían alargar su vida
hasta los albores del siglo XXII. Pero las reservas acabarán por agotarse
y sólo el hallazgo de nuevos combustibles o nuevos modelos energéticos
preservarán un mundo energéticamente rico. Los hidratos de gas, todavía
pobremente conocidos por la comunidad científica, podrían ser la mejor y
más duradera alternativa.
¿Por qué los hidratos de gas? Simplemente porque constituyen la
mayor reserva de metano que existe en el planeta. Y los hay en una
cantidad tal que doblan literalmente las reservas conocidas de petróleo,
carbón y gas natural juntos. Solo que, hoy por hoy, su acceso es
extraordinariamente complicado y nadie ha diseñado un método
suficientemente eficaz para obtener de ellos la energía deseada.
El calentamiento de grandes masas de agua por causas naturales podría
haber llevado al deshielo de los hidratos de gas atrapados en el subsuelo.
Como consecuencia, y medido en tiempo geológico, en el pasado pudieron
haberse producido liberaciones masivas de gas a la atmósfera que habrían
contribuído al calentamiento global del planeta. Del mismo modo, la
liberación de metano, o de hidratos de gas, por usos energéticos, podría
incrementar el efecto invernadero. El poder calórico estimado para los
hidratos de gas es 73 veces superior al del gas metano, aunque es entre 6
y 11 veces inferior al del gas natural licuado y al del petróleo,
respectivamente.
El ciclo del carbono
El hallazgo de 10.000 gigatoneladas de
carbono fijadas en forma de hidratos de gas en el subsuelo de los taludes
oceánicos ha puesto sobre el tapete la necesidad de reevaluar el volumen
global de carbono en el planeta y sus ciclos naturales. Asimismo podría
contribuir a explicar los grandes procesos de cambio climático acaecidos
en eras geológicas pasadas. Por otra parte, su explotación como fuente
energética podría contribuir al efecto invernadero y al cambio climático
de origen antropogénico.
Miquel Canals, director del grupo de Geociencias Marinas de la
Universidad de Barcelona y uno de los pocos expertos españoles que
investigan la estabilidad de los grandes fondos marinos, sostiene que para
que se dé esta relación deben cumplirse al menos dos condiciones. Por una
parte, indica, debe existir un paquete sedimentario algo así como
una montaña de sedimentos, de dimensiones considerables. Por otra, esta
montaña debe haberse depositado encima de la capa de hielo que
atrapa a los hidratos. En esas condiciones, razona, "se da un cambio de
propiedades mecánicas", de modo que los hidratos actúan como un plano de
deslizamiento.
Exista o no una relación de causa y efecto, lo cierto, añade Canals, es
que se ha localizado petróleo bajo algunos de los grandes desprendimientos
en los mares de Noruega, Brasil, Angola o en el Mar Caspio.
Lo que si está claro, sostiene Canals, es que los desprendimientos son
un magnífico indicador de riesgos. "En los fondos abundan estructuras de
comunicaciones, gaseoductos o torres de prospección que pueden verse
alteradas por un desprendimiento", dice. A la seguridad, se suman
intereses industriales. Esto impulsa el proyecto Continental Slow
Stability, de la UE, cuyo objetivo es esclarecer porque se dan estos
desprendimientos y desarrollar una capacidad predictiva de corrimientos de
tierra y de localización de petróleo.
Tras el rastro del petróleo
Los reservorios de hidratos de gas podrían
ayudar indirectamente a localizar grandes bolsas de petróleo que se supone
se encuentran en los taludes oceánicos. Muchos de los grandes
desprendimientos submarinos están asociados a la presencia de hidratos y
estos desprendimientos esconden, a varios centenares de metros de
profundidad, yacimientos de petróleo. Pero la concatenación de hechos no
es tan evidente.