MALEN RUIZ DE ELVIRA , Madrid
( 27-10-99)
La teoría es muy bonita y las consecuencias de su puesta en práctica
pueden ser revolucionarias; la puesta en práctica es un poco más difícil,
como se puso de manifiesto en una reciente revisión del tema y no se
espera que estos sistemas sean comercialmente viables antes de 15 años.
El concepto de satélite solar de potencia fue inventado en 1968 por
Peter Glaser, investigador en Estados Unidos, y examinado a fondo en los
años setenta por el Departamento de Energía de Estados Unidos y la agencia
espacial estadounidense NASA. Luego, los trabajos fueron abandonados por
causas diversas, que abarcaron desde lo cara que resultaría la energía que
se obtuviera a las implicaciones militares del proyecto, en una época en
la que todavía reinaba la guerra fría. La caída de los precios del
petróleo a principios de los años ochenta tampoco ayudó a obtener apoyos
para un proyecto que era exclusivamente estadounidense.
Ahora, con la preocupación por los gases de efecto invernadero y el
cambio climático, las crecientes necesidades energéticas en todo el mundo
y los avances técnicos en las áreas solar y espacial, el escenario ha
cambiado mucho y la NASA, por ejemplo, ha vuelto a estudiar el tema en los
últimos años con financiación explícita y con la colaboración de numerosas
empresas.
Un satélite solar podría proporcionar ahora potencia en el rango de los
megavatios. El diseño más avanzado recibe el nombre de torre solar y
consiste en un largo mástil a cuyos lados se suceden los conjuntos de
concentradores solares. Lo que se está intentando es diseñar prototipos
que no necesiten transporte especial, es decir, que puedan ser lanzados
por cohetes ya en el mercado y que se ensamblen solos en órbita.
El paso siguiente a la captación de la energía sería la transmisión a
la Tierra y sobre esto ya se están haciendo experimentos en tierra, porque
la misma tecnología serviría para transmitir energía de un lugar a otro en
la superficie terrestre. La energía solar captada se transformaría, por
medio de magnetrones, en radiación en el rango de las microondas, que se
transmitiría directamente a la superficie terrestre, con antenas adaptadas
a las características de la potencia a transmitir.
En una isla
Uno de los experimentos más avanzados de transmisión de potencia se
está haciendo en la isla de Reunión, en el Pacífico, con ayuda del centro
espacial francés CNES. Se trata de transmitir 10 kilovatios de potencia a
un pueblo situado a sólo 700 metros de la red pero de muy difícil acceso.
La NASA, por su parte, ha puesto en marcha un estudio de cómo se podría
integrar la electricidad procedente del espacio en el suministro, muy
deficiente, que tiene ahora la ciudad mexicana de Veracruz.
El impacto ambiental de los sistemas espaciales de generación de
energía no se puede olvidar. Los estudios iniciales indican que hay que
vigilar el impacto de las microondas no sólo sobre la salud, sino también
sobre las comunicaciones, la astronomía, el tráfico aéreo y el
funcionamiento de los equipos médicos. Los expertos señalan que se trata
de minimizar los posibles efectos negativos y compararlos siempre con los
de otras fuentes de energía.
El
Sol ilumina los alrededores de la Tierra continuamente y con más fuerza
que ilumina su superficie, porque sus rayos no sufren el filtro de la
atmósfera. Aprovechar la energía del Sol a 36.000 kilómetros de altura y
transmitirla directamente a la Tierra para su aprovechamiento como
electricidad es una idea ya antigua que se va acercando a su realización.
La potencia solar espacial está siendo estudiada en serio por unos cuantos
especialistas y ha obtenido nueva financiación en Estados Unidos, Japón y
Francia que creen viable esta fuente de energía, en principio limpia e
inagotable.
Los partidarios de explorar las
posibilidades de la potencia solar espacial, un concepto tecnológico que
combina la energía solar con la tecnología espacial, recuerdan que, lo
mismo que sucede con las comunicaciones por satélite, este concepto
permite pensar en transmitir directamente energía a zonas concretas de la
tierra, como los países en vías de desarrollo, o zonas aisladas, como las
islas.